Lentamente y sin hacer ruido vas recorriendo el camino para llegar al rincon del olvido, el rincón donde pernoctan dia a dia los muertos de mi guerra. No has dejado aqui mas q algun delirante recuerdo, sin rastros de bienes materiales q acrediten tu paso y tu beneficiencia para conmigo.

Quizas te di mas de lo q mereciste, te salve de la muerte infinitas veces, de esa muerte q solo siente quien esta vivo en el mas gris y escindido de los callejones de una oscura mente.

La ciudad avanza y tu con tus delirantes ideas caminas, junto al conjunto de seres q significan un numero mas en la estadistica de esos clasificadores norteamericanos y postergados libros.

Te presentas a mis amistades provocando comentarios acerca de lo raro de tu patologica existencia, te presentas al mundo como esos seres indefinibles, imperceptibles y abstractos, te presentas ante mi, regalando lastima, donando perdones, repartiendo culpas; gritando al viento q yo y solo yo conozco cada uno de tus tortuosos y negros momentos.

Y hoy soy feliz, soy feliz quizas de otra manera a la q fui contigo, soy feliz con la propiedad y la calma q solo poseemos los seres radiantes de felicidad.

Me alejo de ti, y esta vez para no volver. Prometo junto a él pasar mi vida, recorrer el ansiado camino. Jugar al amor, disfrutar cada momento.

Le prometo a él la fidelidad y la paz q jamas otorgue en toda esta guerra. Saco mi bandera, me entrego a él, sano, feliz, ansioso por recibirme, orgulloso de caminar de mi mano, radiante de sentirme.

Todas las promesas q te hice, se esfumaron, nunca existieron, el cajon que guardó el olvido se quemó el mismisimo dia q quemaste tu presencia, hoy todo es cenizas, hoy no necesito acuses, no necesito tus voces, ni tu cuerpo, hoy y hace meses deje de necesitarte. Hoy cerré la puerta, le puse llave, candados, y ningun ser de este mundo podrà atravesarla.