Si tuviera que definirme en una palabra seria nostalgia, a lo largo de mi vida esta palabra ha caracterizado mi existir.
La nostalgia por lo que fui, por lo que vivi, por quienes me hicieron ser, por todo lo que quedó atrás. Por la niña, por la adolescente.
Por la niña descontracturada y libre que fui, condicionada por la muerte de mi padre; sin respuestas y muchas veces sin preguntas.
Para luego ser la adolescente "normalmente" conflictiva que supe ser. Cuestionando cada orden, luchando con la autoridad e impotencia de mi madre, que ya no estaba para aguantar mis impertinencias y mis ganas de salir a comerme el mundo. Sintiendome culpable por las enfermedades, con el fantasma de la muerte de mi padre rondando por ahi, y el miedo por la muerte de mi madre, por su enfermedad, por quedar desamparada, sola en un mundo del que siempre me dijeron: no iban a valorarme mas que en mi propia casa.
Luego, la muerte de mi querido abuelo, el que me contaba en secreto que yo era su preferida. Que nunca se dejaba ganar a las cartas para demostrarme que el mundo no iba a tener reparos para conmigo. Mi llanto, mi dolor, mi desesperación por la partida del unico hombre que me prefería, y la incomprensión y la mirada crítica de mi abuela; ridiculizando mi dolor, poniendo en tela de juicio mis sentimientos, enfriando mi nostalgia por ese abuelo que aun extraño de una manera sana y feliz.
Luego, los golpes de un ingrato hombre, que gritaba y enfurecía al mínimo gesto. Proclamaba y juraba su amor por mí de manera vil y hostil. Hiriendo mis sentimientos, mi cuerpo y dejando daños irreparables en mi dentadura y en mi alma.
Nunca volví a ser la misma, quizás nunca fui, porque cuando comence a ser, me golpearon.
Para cuando logre salir corriendo de ese caos, de esa situación infernal en la que yo misma inexperientemente supe meterme, desprotegida, sin nadie a quien acudir e implorando y repitiendo mil veces tener un padre o un abuelo que pusiera de un solo golpe el fin a todas mis desgracias con solo 17 años.
Y salí airosa al mundo, de la forma que mejor me salió, vengué cada golpe en los nuevos hombres que ahora conocia, y que reclamaban un poco de mi amor, rechazando y ridiculizando sus sentimientos. Yo tenia el control, o al menos sentía tenerlo.
Hasta que me encandilé, decidi ir despacio, no cometer viejo errores, entregarme en su justa medida, y me equivoqué de persona, de momento y de lugar. Otra vez, me encontre sola y confundida (¡qué sentimiento feo, el de aquellos días!). Desasosiego, lagrimas, incertidumbres y el mundo se desplomó en mi cabeza en cuestión de segundos; segundos que no me dieron tiempo a reaccionar ni a protegerme. Se desplomó y una vez mas no volví a ser la misma. Llevaba odio en el alma, vergüenza por el abandono, dolor frente a la ingratitud, desesperanza, pánico.
Fui, y me acobije en brazos seguros, mientras intentaba resolver, y guardaba en la gastada alfombra todo aquello a lo que no me atrevia a enfrentar.
Cambie de amigos, de lugar y de costumbres. Empecé mi carrera con ganas, entusiasmo, dejando atras mi casa, adueñandome de un pequeño espacio en el que convivia con diversos especimenes de mujeres. con un nudo en la garganta, mientras repetía: "es parte del crecer" dejé atrás mi infancia, mi adolescencia y mi vida en el pueblo para venir a una ciudad contaminada e interesante que me invitaba a explorar, haciendo de este sitio mi ciudad.
Luego, ese novio que desestabilizo todo, que me obligo a sacudir la vieja alfombra, ese hombre bueno para nada que me desechó cuando logró consumir todo de mi. Y junto a su historia, un bebe, un bebe que nunca quise que naciera, un bebe que nunca nació, que despedí con dolor, con mucho dolor, con miedo al futuro. Si culpas por elegir mi vida, temiendo futuras consecuencias.
La descompensación, un oscuro pozo y el comienzo de un nuevo camino. La terapia y la nueva experiencia de ir a trabajar todos los dias cada dia del año. Nuevas amistades, nuevas sensaciones, nuevas formas de ser yo misma.
Y el encuentro con un descompensado ser, evidenciando, probando, cuán cerca tenemos a la locura, conviviendo con ella día a día; delirando y llevandome por los oscuros y a veces calidos callejones de su mente. Lo acompañe tantas veces en su locura, hasta que mi cordura y el mundo dijeron basta!. Y costó pero una vez mas me escapé del infierno que yo misma habia construido, pudiendo ahora diferenciar lo nocivo de lo saludable.
Es un largo camino, de vuelta a mi misma. Cargando con el "qué dirán" y lo que habrán pensado o pensarán. Limitada por una abuela que ejerce su poder victimizandose, recurriendo al llanto. Amenazando morir en cada nuevo fracaso. Limitando una familia entera, evitando el libre albedrío, impidiendo ser quienes somos.
Y hace tres meses, en una charla que no debia de haber escuchado, entendí gran parte de mis problemas. No ser la preferida, el deber de ser un ejemplo desde pequeña, hicieron lo que hoy soy. Compitiendo con una sobrina superficialmente perfecta, llena de defectos imperdonables, experta en el arte del engaño.
Soy...y fui feliz, a mi manera.